Elecciones 2017

Vistas desde fuera, las elecciones en Ecuador son un hecho pintoresco, con campañas mediáticas, gente de la farándula metida a candidato o declaraciones grandilocuentes. Sin embargo, los resultados –provisionales– arrojan algunos elementos que permiten atreverse a reflexionar:

En primer lugar, el proyecto de la Revolución ciudadana sigue contando con un apoyo fuerte pese a diez años en el gobierno. Si bien ha reducido sus resultados, el hecho de haber sobrevivido a dos años de crisis económica, de escándalos políticos y al reemplazo de Rafael Correa y mantenerse como el partido más votado es meritorio.

En segundo lugar, hay un equilibrio Costa-Sierra en los votos: Lenín Moreno y Paco Moncayo  (46% de los votos) son el primer y cuarto candidatos más votados frente a Guillermo Lasso, Cynthia Viteri y Abdalá Bucaram (segundo, tercero y quinto más votados 49% de los votos) provenientes de la Costa. Aunque Lenín Moreno nació en la Amazonía lleva tiempo en Quito.

En tercer lugar, el proyecto del Partido Social Cristiano parece haber tenido poco calado, incluso en Guayaquil, demostrando que la derecha se encuentra lejos del “modelo de éxito” de Jaime Nebot y más cerca de las propuestas de Guillermo Lasso.

Por último, los partidos “populistas” continúan con el discreto encanto demostrado desde hace años. En este sentido, Abdalá Bucaram no ha llegado siquiera al 5% de los votos, dando fe de la superación de un modelo que dominó una parte importante del espectro político ecuatoriano en el pasado.

Fiestas Patrias (y II)

Las Fiestas Patrias no son solamente el ritual de la bandera, pese a que es una de las partes más coloristas del mes de septiembre: los autos, las casas, los autobuses, los negocios… todo se llena de banderas y en los comercios venden infinidad de productos con la bandera de Chile, desde ropa hasta artículos del hogar.

Además de eso, las Fiestas Patrias conllevan la celebración, aparecen promociones en cerveza, vino, carne, asadores, sillas de jardín, etc. La principal razón es que empieza a no hacer tanto frío y las familias aprovechan y se reúnen para asar carne durante dos o tres días. Eso, el baile de la cueca (del que hablaré otro día) y una ingesta extraordinaria de empanadas, son elementos habituales en esos días.

Lo más interesante de todo es que el propio concepto de “asar” se encuentra interiorizado por los chilenos: en el trabajo, en el círculo de amistades, en todos lugares se hablará de todo lo que van a asar en Fiestas Patrias, de cuanto se asa y se come en Fiestas Patrias, etc. En los comercios hay promociones de digestivos, Almax, sal de frutas, remedios para la resaca e, incluso, en mi trabajo nos enviaron una “guía” con consejos para las Fiestas Patrias: no tomar demasiado alcohol, tratar de comer verduras, evitar grasas saturadas, etc. etc.

En definitiva, Fiestas Patrias es un momento del año en que se unen la chilenidad y la comida.

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Fiestas Patrias (I)

En América Latina los símbolos nacionales son algo serio. Creo que es algo que nunca deja de sorprenderme y que, según paso más tiempo aquí, más me intriga.

En Ecuador no había congreso que no comenzase con el público en pie cantando el himno nacional (ya hice un post al respecto: https://choripapas.wordpress.com/2013/12/12/congresos-a-la-ecuatoriana). También hay una celebración oficial el día de Difuntos: en Ecuador oficialmente se celebra el día del Escudo, como forma de rendir homenaje a este símbolo patrio. La realidad es que todo el mundo celebra Halloween, pero eso es otra historia…

En Chile, los congresos comienzan igual que en Ecuador y no hay día del Escudo el 31 de octubre, pero resulta que en las Fiestas Patrias de septiembre hay varias tradiciones curiosas relacionadas con la bandera:

En primer lugar, muchas personas izan la bandera en la puerta de su casa comenzando el mes, y la tienen allí hasta que termina. Un número importante de casas tiene un mástil en su jardín.

En segundo lugar, los días más importantes de las fiestas patrias (18 y 19 de septiembre), los chilenos deben poner obligatoriamente una bandera en su casa o en su ventana. Obligatoriamente significa que hay multas para quienes no pongan o pongan mal la bandera (http://www.publimetro.cl/nota/cronica/estas-son-las-multas-a-las-que-se-expone-por-no-poner-la-bandera-en-fiesta-patrias/xIQpio!tfwBrwp5d8t6/).

En tercer lugar, lo más curioso de todo es que hasta 2011 estaba prohibido izar la bandera fuera de las fiestas patrias y el presidente ese año, promulgó una ley coincidiendo con el Bicentenario que permitía hacer esto: http://www.emol.com/noticias/nacional/2011/09/16/503577/presidente-pinera-promulga-ley-que-permite-izar-la-bandera-todo-el-ano.html

Algo rarísimo para quienes venimos de un país donde la bandera tiene una importancia mucho más relativa.

Talca, París y yo

 

Llego a Talca desde la fría Concepción y lo primero que me sorprende es el desorden y el calor: la estación de autobuses y el sofoco (vengo con chaqueta y jersey) me traen a la mente latitudes más cálidas.

Paseo por el centro de la ciudad, tranquila, ordenada, casi provinciana y me sorprende la ruina, toda la ruina en el centro urbano, un colegio abandonado, otro, un mercado, un baldío convertido en parking… parece que hubiera habido una guerra o una crisis económica de magnitud, como en las shrinking cities que tantas veces he visitado… Al final pregunto y me cuentan que todo viene del terremoto de 2010: muchos edificios de adobe se vinieron abajo, varias infraestructuras colapsaron y, después, por falta de entendimiento entre unas autoridades y otras, se han quedado congelados en el tiempo. El resultado contrasta con el Gran Concepción, que se ha recuperado rápidamente de las secuelas físicas del terremoto y del tsunami, y contribuye a la imagen que me formo de Talca como una ciudad en decadencia.

Veo por varios sitios el mensaje “Talca, París y Londres” y, en la única tienda de souvenirs de la ciudad, por fin pregunto. Me dicen que Talca fue durante mucho tiempo la tercera ciudad de Chile, que hubo una época en que el optimismo local hizo popularizar esa expresión medio en broma medio en serio por boca de un cronista local que dijo: “en el mundo, después de Talca vienen París y Londres”.

Me cuentan que existe otra versión que tiene que ver con un inglés que, viendo las nieblas recurrentes que sufre la ciudad exclamó: “Talca parece Londres”, con tan mal acento que se entendió como “Talca, París y Londres”. Y que otra versión dice que existía una sombrerería de un francés que anunciaba que traía sus productos de estas dos ciudades europeas.

El origen de la frase, como la fortuna de Talca (revitalizada efímeramente como capital regional y polo universitario) se ha perdido en la noche de los tiempos.

De Concepción a Varsovia

Creo que el frío que hace, que encorva a la gente por la calle y les hace enfundarse abrigo, bufanda, gorro y guantes colabora; pero la primera impresión que me llevé de la ciudad cuando paseé por sus calles es que se parece a la ex Europa del Este de la actualidad. Es un palimpsesto de  edificios de diferentes épocas, las casitas pequeñas más antiguas y los bloques de departamentos de los 70 mezclados con las grandes torres de departamentos modernos y la industria que resiste por todo el tejido urbano, junto a descampados, que dan una sensación de pastiche, de mezcla muy similar al que he visto en Polonia, Eslovaquia o Letonia en mis breves viajes. Todo ello, por supuestos, aliñado de grandes avenidas y de centros comerciales, también representativos de estos otros países.

Por último, para más inri, Eslovaquia ocupa el puesto 35 del IDH, Polonia el 36, Lituania el 37, Chile el 42 y Hungría el 44.

(La foto de la casita es en Hualpén entre las calles Suecia y Varsovia)

Adiós Ecuador, hola Chile

Después de casi tres años de andadura en Ecuador, de haber sido becario del Programa Prometeo del Gobierno ecuatoriano, de haber trabajado en la costa y en la sierra, en universidades privadas y públicas, de haberme casado y haber tenido una hija, creo que puedo tener algunas nociones sobre la situación actual de Ecuador y su futuro. Siendo sintético:

  • El gobierno de Rafael Correa indudablemente ha sido positivo para el país en los nueve años de Revolución Ciudadana. Esto es así porque han puesto cierto orden en los servicios sanitarios, educativos, de atención pública, de seguridad, etc. Antes lo público era nefasto, corrupto e ineficiente y hoy no lo es tanto y la tendencia (diría) es a mejorar. El que la gente pueda contar con una atención de calidad a la hora de ir al juzgado, al registro civil o al médico es un avance enorme e innegable.
  • El gobierno de Rafael Correa también se ha equivocado mucho. Han vivido la bonanza petrolera como si fuese a durar siempre y ese ha sido su principal problema. Han implementado políticas muy necesarias para el país, pero lo han hecho todo al mismo tiempo, y eso ha generado ineficiencias, solapamientos, falta de continuidad y gastos innecesarios. Por ejemplo ¿era necesaria toda la inversión en educación? Sí, pero Programas como el Proyecto Prometeo o la creación de Yachay hubieran requerido de un mayor desarrollo de la capacidad investigadora de las universidades (que se ha hecho) pero no se han aprovechado bien.

Otro ejemplo, se ha hecho hincapié en muchas políticas que suponen un gasto y después no se continúan. La implantación de un sistema de taxímetros fue una inversión en el dichoso aparato en todos los taxis. Después no se utiliza en ninguna ciudad y no existe presión suficiente o continuada para ello y se vuelve al modelo anterior. Resultado: el dinero se desperdicia. Es un ejemplo pequeño de algo que ha sucedido en muchos otros sectores

  • El país no ha podido o no ha sabido cambiar la matriz productiva. Siendo sinceros, era un reto enorme porque suponía darle la vuelta a décadas de subdesarrollo, pero los resultados son nimios. Más allá de la creación de hidroeléctricas, refinerías, etc. no hay evidencias de cambios y se continúa exportando y produciendo lo mismo. Pese a que en lo social el gobierno lo ha hecho bien, en lo económico no ha sido capaz de tener un rumbo tan preciso.
  • La dolarización está muy bien, pero supone dos problemas: 1) cuando la moneda está alta se es poco competitivo y 2) cuando no hay dinero, no hay, no se puede imprimir más moneda porque no pertenece al país.
  • La política de captación de inversión ha sido un desastre. No se puede presumir de poner en el mercado 1.000 millones de deuda a un 10,75% para pagar en 2022 es un disparate y aboca al país al abismo.
  • La consecuencia es que la crisis va a ser larga. Larga y dura, por desgracia para los ecuatorianos. El gobierno no tiene dinero y ahoga la economía con sus políticas para recaudar, pero si no hiciera esto seguiría sin dinero y la economía por si sola tampoco podría salir adelante. Es una paradoja porque no hay capacidad ni para invertir ni para captar inversión. Las cosas van a seguir estando caras porque no hay dinero, hay aranceles y la producción local aún es poco eficiente. Se continúa dependiendo de la exportación de materias primas, lo que ahora es un mal negocio porque están bajas de precio, lo que genera menos ingresos al país. No hay ningún sector que pueda relanzar el crecimiento, que está estancado, y el comercio está en mínimos por el endeudamiento público y privado, los aranceles y la contracción económica. Finalmente, la deuda pública va a resultar un lastre a futuro.
  • Por último está la cuestión cultural. No se ha sabido o no se ha podido desarrollar una cultura alejada de la picaresca en la población. La consecuencia es que la micro-corrupción, las pequeñas mañas para saltarse la ley, el “compro por diez pero vendo por once”, la cultura del “que lo haga el vecino”, etc. siguen tan vigentes como antes pero más depuradas, por lo que “el hombre nuevo” que siempre proclaman las revoluciones no ha visto la luz en Ecuador.

En conclusión, el país que dejo está al borde del desastre (si no me equivoco, ojalá lo haga) y tiene un futuro incierto. Eso no es incompatible con que he encontrado gente muy buena, muy honrada, muy trabajadora y muy buenos amigos, a los que dejo con mucha pena y con la incertidumbre de que su futuro pueda no ser tan bueno como se pensaba hace unos años. El país es una maravilla en lo natural y en lo patrimonial, está lleno de cultura y es una aventura vivir entre terremotos, volcanes, maremotos, etc. y además es el lugar donde he hecho una familia, pero me voy con la agridulce sensación de que los próximos años van a ser muy duros. Dejé un país en crisis y ahora dejo otro al comienzo de otra… espero que Chile sea más propicio.

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El mercado

En el mercado todo se compra y se vende. En los mercados ecuatorianos conviven la carne y el pescado, la fruta y aparatos varios y lugares de comidas que hacen que estos espacios resulten animados, muy vivos, casi caóticos.

En el mercado la gente regatea, toca, compara, huele y, finalmente, paga. Los cuerpos sudados, la prisa, las caras de la gente, los olores, se mezclan en un todo desordenado pero con cada puesto en su área (las frutas, los granos, el pescado, las carnes, el patio de comidas…).

El domingo es día de mercado, las familias vuelven con el carro a rebosar de compras y el dinero fluye por estos lugares que son parte de la esencia ecuatoriana.

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